- Andyyyyyyyyyy, cariño, ya hemos llegado, te traemos tus regalos de cumpleaños.
Volvió en sí después de recordar aquel instante antes del accidente. Volvió a secarse las lágrimas, esta vez intentando que su madre no se diese cuenta del color rojo que se había apoderado de sus ojos.
- Ya salgo mamá, un segundo- se colocó la camiseta, se pasó las manos por la cara por última vez y se dirigió al salón. - ¿Y bien? ¿Dónde están esos regalos?
En ese momento la madre de Andy se le acerca, la abraza, le mira fijamente mientras sonríe, le acaricia la cara.
- Ojalá y te guste pequeña, pero en cualquier caso podemos descambiarlo..- esta vez interviene el padre, mirándola mientras guardaba las distancias para no abrazarla, se ve que no quería emocionarse.
Andy abre la caja, una caja de gran tamaño azul, con un lazo plateado.
- Pero.. ¡mamá, papá! ¿Cómo es posible? ¡Me dijistéis que no me la compraríais!
- Ya, pero desde que pasó lo de Arturo estabas muy apagada.. y como siempre te gustó la música pensamos que esto te alegraría un poco.
- Pero.. es que es justo la que yo quería. Es increíble. ¡Sois los mejores!
Acto seguido Andy abraza a sus padres y se va a su habitación, quiere estar sola, conectar su nueva mini-cadena y desconectar un rato del mundo. Enchufa el equipo, busca entre sus cd's favoritos, tiene muchos, finalmente se decide por uno de los más recientes "Por mi y por todos mis compañeros- ECDL".
Se tumba en la cama, le da al play desde el botón del mando y mira hacia la mesita de noche. En esta, una foto de Arturo y ella en el último cumpleaños de Arturo. De repente, suena "Aunque tu no lo sepas", una de las canciones que su mejor amigo le había dedicado en alguna de todas las tardes que habían pasado juntos, delante de la pantalla del ordenador haciendo el imbécil.
Empieza a llorar, otra vez, no puede evitarlo, no puede evitar echarle de menos, ¡vamos! es tu cumpleaños, piensa. Pero es que todo le da igual, ella solo quiere celebrarlo con Arturo como cada año, juntos, en los recreativos y después comer una pizza en el local de siempre, un par de tonterías por la calle y a casa.
Es inevitable, es lo único que le alegraría en aquel momento, pero no, nadie acertó con el regalo perfecto, nadie le devolvió a su amigo ni siquiera en el día de su cumpleaños.
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