viernes, 25 de junio de 2010

Capítulo siete.

El ipod está completamente cargado, se dispone a meterlo en el bolsillo de la sudadera.
Comprueba que no se deja nada, lleva el móvil en el bolsillo derecho del pantalón, el bonobús en el izquierdo y las llaves en la mano. Todo está en su sitio. Se dirige hacia la cocina en busca de su madre, que estaba terminando de fregar los platos.
- Me voy mamá, volveré luego.
- No llegues tarde Andrea.
- Vale mamá.
Se despiden dándose un sonoro beso en la mejilla. Corre escaleras abajo, tropieza su desagradable vecino, ese del primero que siempre pone la música alta de noche. Ni si quiera se saludan, habían tenido algún que otro percance anteriormente. Pulsa el interruptor que hay al lado de la puerta y ya tiene los pies fuera de la cancela.
Se coloca los cascos, de nuevo la música de su ipod reina en su cabeza.
"Qué alegría que buen día que bueno tenerte, que bien estoy, quien me lo diría..."
Se dirige a la parada del autobús, cuando de lejos reconoce una cara conocida.
- ¿Nico?
- ¡Andy! Qué linda sorpresa, y que linda tú.
- Veo que no cambias ¿eh? Madurar te vendría bien, quizás así habrías impedido que rompiéramos. Ah no, que igualmente te habrías liado con Sofía ¿verdad?
- Andy, cariño... te pedí perdón mil veces. Todavía estoy arrepentido.
- Lo primero, no me llames cariño. Y lo segundo que le vayas a contar tus cuentos a otra, yo no puedo perder el tiempo, es más si lo hago no quiero que sea contigo.
- Lo siento. No puedo volver atrás, sabes que si pudiera lo daría todo por cambiar aquel instante. Me arrepiento Andy, si no me crees no puedo hacer nada, pero es la verdad. Yo te quería, de hecho aún te quiero.
- Vale Nico. A otro perro con ese hueso, no quiero llegar tarde, tengo un compromiso.
- ¿Qué compromiso?
- No somos novios, no tengo por qué darte explicaciones sobre lo que hago o dejo de hacer, o con quien voy o dejo de ir ¿entendido? Pues eso, adiós.
Volvió a emprender rumbo hacia la parada, pero era demasiado tarde, en un abrir y cerrar de ojos se le había escapado el autobús. Nico seguía a su lado.
- Genial Nico genial. Me haces perder el tiempo y encima por tu culpa llegaré tarde, ¿entiendes por qué no quería ni pararme a hablar contigo?
- Oye, tengo la moto aquí cerca, si quieres puedo llevarte a donde sea, en plan favor eh.
- Yo siempre pago mis favores o los considero deudas y no quiero tener que darte nada a cambio de un paseo en moto.
- Como quieras, pero son las cuatro menos cuarto tú verás si prefieres tener que saldar deudas conmigo o llegar tarde a tu misteriosa cita...
- Está bien, llévame. Pero no corras, no te desvíes, no hagas tonterías con la moto y el casco me lo pongo yo.
- Vale vale, doña exigencias...
- Faltaría más. El favor tendría que ser al revés, piénsalo bien ¿desde cuando no se monta una chica en tu moto? jajaja.
- Graciosilla... anda sube.
Optó por dejar de discutir y colocarse el casco, subirse a la moto e intentar disfrutar del paseo en moto, aunque sabía perfectamente que le sería imposible puesto que la compañía no era la adecuada.
- Joder Nico, acelera o llegaré tarde, ¡son menos diez!
- ¿En qué quedamos? ¿corro o no?
- Un poco, por favor.
- Vale vale.
En cinco minutos llegaron a la puerta del hospital. Andy se bajó de la moto y se quitó el casco, moviendo la cabeza para colocarse bien el pelo.
- Me encantas cuando haces eso, se te ve tan guapa... tan tú...
- Ya ves, bueno, desde aquí sigo sola. Gracias por el paseo, te... te debo una aunque me cueste decirlo.
- No hace falta, ya saldaremos cuentas algún día.
- Espero que ese día sea dentro de mucho, ¡adiós!
La puerta del hospital impone, siempre lo había pensado, pero estar delante nunca la había puesto tan nerviosa. Vamos, tienes que entrar, Arturo te espera, pensaba. Pero es que le temblaba todo, era imaginarse la simple idea de rozar los labios de Arturo después de tantos años y ponerse a temblar más y más.
Al final, decidió que era mejor entrar. Dentro.
Habitación 212. Toc toc, un llamado de puerta y... dentro.